lunes 11 de febrero de 2008
lunes 24 de diciembre de 2007
lunes 19 de noviembre de 2007
"Me gustaría que los jugadores fueran más generosos con sus compañeros"

Ya se le ha pasado la tristeza que le embargó por la decepción de Valladolid?
-Soy una persona que nunca baja los hombros. Tengo mucho carácter pero es cierto que en el partido de Valladolid pensaba que los jugadores podían hacer mucho más de lo que hicieron desde el punto de vista técnico y tras el resultado es normal que estuviera abatido.
-Luego se recuperó al menos con la victoria de Copa ante el Almería.
-Eso de estar abatido lo acuso durante una hora, las 23 siguientes tengo el mismo optimismo de siempre.
-¿Ve realmente solución a esto?
-Creo que sí tiene solución y eso es el pensamiento que quiero inculcar a todos, que se puede solucionar esta situación porque si todos pensamos en negativo, te mata.
-El problema es si llegan a enero con pocas esperanzas.
-Nuestra necesidad ahora es la de hacerlo todo bien y llegar a enero vivos para mejorar en la clasificación y reforzarnos.
-Las matemáticas no engañan. Lo tienen todo en contra.
-Lo sé, lo sé. Vivo también de los números. En Italia se han producido muchas circunstancias. Por ejemplo, equipos que no ha conseguido nada importante durante el campeonato resulta que llegan a los tres últimos partidos y son capaces de hacer nueve. Ahora pienso en esos 38 que pueden servir para salvarse.
-¿Es creyente?
-Sí.
-¿Necesita un gran milagro?
-Los milagros son necesarios para cosas importantes como salvar la vida de alguien. Lo verdaderamente importante es darse cuenta del esfuerzo que se realiza, si luego no llega recompensa es otra cosa.
-Usted dijo cuando llegó que si se ponía a hablar de los errores, estaría toda la noche hablando. ¿Todavía lo estaría en la actualidad?
-A nosotros nos matan los errores defensivos, eso hundiría a cualquier equipo. El resto de rivales tienen mucha más confianza que nosotros. En la Copa nos volvió a pasar pero al menos vimos una pequeña respuesta.
-¿Realmente le ha servido para algo ese partido ante el Almería?
-Para mí era importante valorar también a los jugadores que no estaban jugando desde hace mucho porque pierden las condiciones. Quería saber cuánto pueden contribuir al equipo.
-Usted ha detectado que la moral del grupo está bajo pero también ha lanzado alguna crítica hacia la condición física. ¿Cómo está ahora?
-Quiero hacer una puntualización sobre quien ha trabajado antes que yo. Ellos habían trabajado mucho desde el punto de vista físico, tenían una base importante pero a mí me hace falta que los futbolistas tengan la capacidad para cambiar rápido de ritmo, ¡pum, pum, pum!.
-¿Le queda mucho para llegar a lo que usted quiere?
-Estamos cerca. Hoy en día todos sabemos que el fútbol es un deporte de mucha agresividad, de rapidez, de trabajo, de intensidad. Ahora el equipo está a un buen nivel aunque todavía le queda un poco, pero está ya muy próximo. El aspecto mental ha influido mucho en la cuestión física, porque notas las piernas más pesadas aunque no estén así.
-¿Es la veteranía de los jugadores un problema para aplicar esos requisitos?
-El año pasado en el Torino tenía un equipo muy veterano con una buena competencia y una buena disponibilidad. Todos se unieron y juntos lograron grandes sacrificios. Sólo así se puede salir de la situación.
-¿Palpa ahora esa circunstancia?
-No sé si ahora somos el equipo que a mí me gustaría que fuera. Desde luego, me gustaría que los jugadores fueran mucho más generosos con sus propios compañeros. A quien no esté bien hay que echarle una mano, tener claro la ayuda mutua. Uno para el otro, es lo más justo y sobre todo cuando un equipo lucha por la salvación.
-¿Tanto cuesta de alcanzar?
-Lo estoy mirando. No puedes cambiar de golpe la cabeza de todos los jugadores.
-Usted jugaba de joven como centrocampista pero para un italiano ver defender a este equipo debe ser un castigo...
-Hay que intentar cambiarlo utilizando todas las armas que haya. Es casi vital tener un punto fuerte de donde partir. Lo de Valladolid fue una etapa negativa y no tanto por el resultado en contra sino porque no dimos la prueba de carácter que hacía falta. Este equipo tiene que tratar de ir a jugar fuera de casa e intentar ganar el partido. De otra forma no se va a ninguna parte pero ni con De Biasi ni con Mourinho.
-¿Tienen de verdad carácter estos jugadores?
-Estos futbolistas tienen un poco de miedo, miedo de la situación general e incluso a veces también de los contrarios. Yo se los digo muchas veces, estamos últimos y de aquí sólo se puede subir, más abajo es imposible. Soy De Biasi y el año pasado ganaba con otro equipo. Ahora parecemos un poco pequeños con lo que queremos.
-¿Qué es lo que quiere?
-Que nos suba la autoestima y también si se puede sacar resultados. La Liga te muestra cada domingo una oportunidad nueva y cada día hay tres puntos en juego. Depende de nosotros. Si no confiamos en nuestras propias fuerzas no ganaremos nunca.
-Se acusa a este vestuario de falta de carácter...
-Si ahora te dijera sí o no, le daría una respuesta injusta porque todavía no sé si esa falta de carácter se debe a la naturaleza de los futbolistas o al momento. No lo sé realmente, ese carácter se ve en situaciones extremas. Sólo ahí se ve quién es capaz de sacarlo y quién no lo tiene.
-¿Qué buscaba fichando por el Levante? ¿Dinero? ¿Se arrepiente?
-No en eso del dinero afortunadamente no tengo necesidad. Nunca me he arrepentido. Le digo que para mí los retos más difíciles son los que más me gustan.
-¿Qué puede pasar en el supuesto de que el equipo descienda de categoría?
-En el mundo hay muchos caminos, se puede crear un programa muy válido de trabajo, un equipo joven, se puede buscar la resurrección del Levante desde otro punto de vista.
-¿Le da alguna vez vergüenza dirigir al colista?
-Para mí es un mundo del que no voy a bajarme hasta el último suspiro. Hasta que las matemáticas no digan que el Levante está muerto yo estaré aquí para intentar todo lo que esté en mis manos.
domingo 18 de noviembre de 2007
Prueba de fuego para Arveladze

"Arveladze tiene una lesión bastante más grave de lo que parecía en un primer momento. No somos muy optimistas con él". Nacho Nebot, el nuevo jefe de los servicios médicos del Levante, no las tiene todas consigo sobre la posibilidad de ver al delantero con la camiseta del Levante en un partido, imagen que sólo se ha producido una vez, en el primer amistoso de pretemporada que disputó el equipo granota frente al Navaleno. Ahí se acabó Arveladze, que poco después se lesionaría en la rodilla derecha al hacer sentadillas "en un gimnasio indigno", tal y como lo calificó José Nebot, ex médico granota.
El jugador ha sufrido desde entonces dos intervenciones en Holanda para curarle el menisco afectado pero Nacho Nebot ha detectado una lesión en el cartílago, lo que desde luego aumenta de manera considerable la gravedad de la lesión, hasta el punto de que en casos similares, la recuperación que se estima en casos así oscila entre los tres y los seis meses. A sus 34 años, Arveladze se encuentra en la recta final de su carrera y precisamente esta semana va a iniciar una fase decisiva para conocer sus reales opciones de jugar esta temporada en el Levante, algo que desde verano se viene poniendo en seria duda.
Nebot estudió con detalle la lesión del futbolista y tras hablar con él (lo hizo coincidiendo con el partido de Copa del Rey frente al Almería) decidió apretar las clavijas. Se ha marcado un plazo con el fin de tener claro qué va a pasar con Arveladze. En tres semanas, el Levante quiere saber si el georgiano está en condiciones o no de jugar. Por eso se va a aumentar la carga de trabajo. "No podemos esperar más", afirma el médico al respecto. De hecho, mañana Arveladze dejará de estar bajo la supervisión del cuerpo médico y dependerá directamente del preparador físico, Paolo Artico, que deberá decidir sobre él. "Hace todo lo posible por recuperarse", confiesa De Biasi en referencia al georgiano.
En un principio, lo normal es que Arveladze comience a trabajar con José Gómez, con quien en los últimos días ha estado haciendo algunos ejercicios incluso con balón, como se vio la semana pasada. La diferencia ahora es que se le va a exigir más para que a primeros de diciembre el club tenga ya claro toda la información de cara al mercado de invierno.
Alta médica para Pedro León
Pase lo que pase con Arveladze, la sensación en el seno de la entidad es que se va a fichar, al menos a intentarlo, un delantero dada la alarmante sequía anotadora que ofrece el equipo. Geijo está todavía muy verde (no ha visto puerta todavía) y casi nadie -incluso el mismo De Biasi- confía en Riganó.
La baja de Arveladze ha hecho mucho daño, además de abrir una profunda crisis. Se dudó de la rodilla de Baiano (y de su precio) y la factura por el georgiano está resultando más costosa.
El fichaje estrella, en cuanto al desembolso, resultó Pedro León que, por cierto, mañana tendrá ya en su poder el alta médica tras estar tres semanas en la enfermería como consecuencia de una rotura fibrilar en el gemelo derecho.
Salvador y Villarroel llevan su relación al borde de la ruptura

Pedro Villarroel tensó tanto la cuerda el jueves pasado cuando echó todo el marrón de los fichajes de esta temporada a la secretaría técnica que su responsable, Manolo Salvador, anda desde entonces -e incluso desde mucho antes- con la mosca tras la oreja. El máximo accionista de la entidad no tuvo el menor reparo en reconocer que él personalmente sólo había firmado a Storari y añadía también que quien "debe dar las explicaciones -en referencia a Salvador- no las da". La relación entre ambos se ha enfriado tanto que el todavía secretario técnico granota empieza a dar su suavizada versión de lo que se vive en el seno de la entidad levantinista.
"Sé cuál es mi grado de responsabilidad y quien no esté contento que lo diga porque no tengo ningún problema para sentarme a hablar. Estoy incómodo por dos cuestiones. Una por cómo va el equipo y otra por los problemas internos ya que cuando el Levante va bien todos sacan pecho pero cuando se tuerce, todos intentan eludir sus responsabilidades", manifiesta visiblemente molesto el valenciano.
Villarroel lleva afirmando desde hace muchas semanas que ha cumplido un ciclo. Salvador habla de su propia situación. "Llevo muchos años y si me renovaron hace cuatro meses no será porque fuera una persona desconocida. Por mi cargo sé perfectamente a lo que estoy expuesto y si Villarroel cree que son justas sus palabras, que de verdad no las esperaba, hay que respetar su opinión. Otra cosa es que los demás podamos compartirlas".
Respecto a la autoría de los fichajes, siempre tan discutida en el Levante, afirma: "Si digo quién ha traído a cada jugador pienso que daño al club. Como secretario técnico me responsabilizo de todos, aunque lo importante ahora no soy yo sino tratar de que el equipo gane el domingo al Betis y acabe salvándose".
"Salvar al Torino fue más que ganar la Liga y esto es más difícil"
Gianni de Biasi pasa revista. No es fácil el toro que tiene que lidiar el entrenador italiano, pero desde luego por energía y vitalidad no va a quedar. El granota repasó una situación que, no por ser delicada, le va a desanimar.
Directo, contundente, convincente y positivo. Así es Gianni De Biasi en las distancias cortas. Si fuera capaz de contagiar su vitalidad, sus ganas y su máxima profesionalidad a la plantilla, el milagro de la salvación estaría más cerca. Con todo, es sincero y reconoce que el panorama está muy negro, pero que se puede ir despejando de aquí a Navidad y aclararlo del todo con los posteriores fichajes invernales. Pero para eso aún queda mucho y, lo que hay que hacer, es centrarse en lo que viene: "De aquí a Navidad hay que sumar el máximo de puntos posibles, seguir vivos para ver qué hacemos. Ahora mismo tenemos el agua por la nariz, muy cerca de ahogarnos, y tenemos que ir rebajando el nivel ganando partidos. Que baje a la boca, al cuello... eso sería una buena señal. Nuestro objetivo es llegar vivos a enero, con el agua al cuello sí, pero pudiendo respirar", afirma.
Con cuatro puntos en el casillero, le planteamos si firmaría zanjar la primera vuelta con 15 y su respuesta es sorprendente: "No, yo siempre quiero sumar todos los puntos, no firmo nada que no sea ganar antes de ningún partido. Ahora viene el Betis, un rival de nuestra Liga, pero en el fondo nos da igual quién esté delante porque tenemos que ganarle a todos". Como principio de actuación es bueno, pero hay que dotarlo de contenidos para que sea convincente: "Aún estamos mal, es evidente, pero encuentro motivos para el optimismo. Por ejemplo, hemos rebajado sensiblemente el número de goles encajados, aunque para mí siguen siendo muchos pues concibo el fútbol con mi portería siempre a cero. Tenemos que seguir trabajando en muchas cosas, no basta con tener las líneas juntas, hay que adelantarlas y salir mejor a la contra". El deseado efecto que se buscaba con el cambio de técnico no se ha terminado de obtener y De Biasi explica que "el problema es que nada más llegar tuvimos tres rivales muy fuertes, Sevilla, Atlético y Villarreal, que están a otro nivel. Aún así, contra el Atlético merecimos puntuar. Luego, lo de Valladolid fue un paso en falso que nunca debió suceder. Un equipo que pelea por salir de abajo no puede tirar por la ventana un partido así en el que, con un mínimo de ganas, se habrían conseguido los tres puntos en juego".
Respecto a los tantos que siguen recibiendo, el italiano desmenuza los goles encajados: "Hay diferencias entre los que llegan por fallos individuales y por errores colectivos. A balón parado sufrimos porque tenemos un equipo bajo, se vio en los goles de Villarreal". También el factor anímico es un lastre que arrastran los granotas: "Nuestra primera intención era subir la moral individual porque así gana el grupo. Cuando llegué al Torino miré las caras de los jugadores y te decían que ganar un partido era una misión imposible y lo logramos, nos salvamos al final ganando en el campo de la Roma de Totti. Esta temporada ya he visto que terminamos en el Bernabéu...", anuncia Gianni lanzando un mensaje optimista. Otro motivo para soñar con la salvación es poder reforzar el plantel en enero: "Algo hay que hacer porque vamos últimos y eso es por algo. Ahora me centro en los futbolistas que tengo, en saber qué pueden dar de sí y, en los próximos partidos veremos ya qué nivel pueden dar, cuál es su límite", avisa a los suyos para que sepan que están a prueba. Aunque se habla de nombres, el técnico no entra al trapo "no sé por qué se habla de que vendrán jugadores italianos. A mí no me importa de dónde sean, lo importante es que vengan al Levante con ganas, con hambre, que vean este equipo como un trampolín, que no vengan aquí de bajada ya de su carrera. El que venga tiene que saber que a Valencia no se viene de vacaciones".
Respecto a si le consultarán sobre las posibles incorporaciones, De Biasi responde con otra pregunta: "¿Para qué como yo todas las semanas con los miembros de la secretaría técnica? Hablamos de todas estas cosas, ellos me preguntan dónde veo yo problemas y les doy mi opinión. Ahora, el propietario es el que decide qué hacer, pero seguro que el entrenador es el que mejor conoce los defectos de una plantilla y debe hablar con el responsable". En ese sentido, el levantinista reconoce que "nunca he visto a Pedro Villarroel, ni he hablado con él. Lo conozco de verlo en fotos, pero nada más". Como hombre de fútbol sabe bien que fichar jugadores para su causa es complicado: "El problema es encontrar futbolistas que se ajusten a esta situación en la que tenemos problemas en la clasificación, problemas económicos... tiene que ser uno que no tenga sitio en su actual club y quiera venir al Levante a jugar y reivindicarse. Yo tengo colaboradores que me informan de muchos países, pero de entrada ni tenemos fichas libres para firmar. Luego hay que ver quién quiere involucrarse en esta situación".
A colación de esto, es obligado preguntarle quién le embarcó a él en la nave granota: "Confié en gente que me indicó que había plantilla para pelear con otros seis o siete equipos más. Recabé información y el campeonato español me gusta, me motiva, lo sopesé todo, porque había gente que me decía que no viniera, y al final dije ¿por qué no? Y vine y no me arrepiento". Quizás por eso en su país ya le llaman Quijote: "Porque voy a causas perdidas y me enfrento a molinos de viento".
En su afán de motivar a sus jugadores para que saquen lo mejor de ellos mismos, De Biasi nos muestra su receta: "Les dije que lo primero que hay que hacer es ser un equipo, lo segundo tener ganas de ganar y lo tercero, conocer al rival. Pero que todo eso no sirve de nada si no tienes orgullo y eso es así en el fútbol y en todos los aspectos de la vida. Orgullo para todo: para lograr un objetivo y el nuestro ahora es salvarnos y en ello hay que ponerlo todo. Cuando empecé a entrenar mi objetivo era llegar a Serie A, lo hice y mi siguiente objetivo es ganar una Liga, sea la de Italia, España o Albania, pero en ello estoy. Sin objetivos en la vida no vas a ninguna parte". Después de lo que logró con el Módena, al que llevó de Serie C a A, y el Torino, al que ascendió y luego salvó, el reto del Levante lo valora "como más difícil aún y eso que mantener al Torino el año pasado para mí vale más que ganar una Liga porque tenía una dificultad extrema. Este reto del Levante parece aún más complicado, pero no es un problema si veo que todos están conmigo. Creo que los jugadores tienen orgullo, que no son de los que trabajan pensando sólo en que llegue final de mes". Tan gráfico como siempre, resume la situación de la siguiente manera: "Estamos en una barca que se tambalea en medio de un mar con muchas olas. Todos debemos remar en la misma dirección y buscar un puerto seguro. De momento, no lo divisamos, pero vamos a hacerlo y a poner rumbo hacia él".
Como está seguro de contar con buena materia prima, les recuerda a todos que "no podemos ser victimistas, hay que revertir la situación y punto. El hombre siempre es un poco victimista y eso no me gusta, no se puede hablar de mala suerte, la suerte no basta. Primero trabajo; después, trabajo y más trabajo y luego ya la suerte". Y es que su mentalidad es la de contar con profesionales que se dediquen en cuerpo y alma a la profesión que ejercen: "Cuando hablo de trabajo no me refiero sólo en el entrenamiento sino todo el día, trabajar en uno mismo, en su actitud, en querer mejorar, en saber contra quién vas a jugar. En qué comes, qué bebes o qué fumas, ahora que se habla de eso. Saber cuándo te acuestas y te levantas... todo". Esta manera de trabajar le devuelve a sus orígenes italianos, donde se trabaja más y mejor que en nuestro país y se tiene una mentalidad ganadora al 100%: "Por eso Italia ganó el Mundial 2006 o el Milán la Champions... Se tiene mentalidad ganadora y luego ya se pueden discutir otras cosas". Eso sí, en lo que ha salido ganando es en tranquilidad viendo los últimos episodios de violencia en el fútbol de su país: "Es una lacra, un gran problema difícil de solucionar. La situación que vivimos en el Levante es imposible que se dé en Italia. Allí no podríamos vivir estando con cuatro puntos, los ultras se presentan en el entrenamiento, en el estadio... una locura".
En el plano personal, le pusimos al día de que Irureta ya realizó el Camino de Santiago al cumplir una promesa como deportivista y recogió el guante: "Haré lo mismo, andando o en bicicleta, en lo que haga falta con tal de salvarnos".
Directo, contundente, convincente y positivo. Así es Gianni De Biasi en las distancias cortas. Si fuera capaz de contagiar su vitalidad, sus ganas y su máxima profesionalidad a la plantilla, el milagro de la salvación estaría más cerca. Con todo, es sincero y reconoce que el panorama está muy negro, pero que se puede ir despejando de aquí a Navidad y aclararlo del todo con los posteriores fichajes invernales. Pero para eso aún queda mucho y, lo que hay que hacer, es centrarse en lo que viene: "De aquí a Navidad hay que sumar el máximo de puntos posibles, seguir vivos para ver qué hacemos. Ahora mismo tenemos el agua por la nariz, muy cerca de ahogarnos, y tenemos que ir rebajando el nivel ganando partidos. Que baje a la boca, al cuello... eso sería una buena señal. Nuestro objetivo es llegar vivos a enero, con el agua al cuello sí, pero pudiendo respirar", afirma.
Con cuatro puntos en el casillero, le planteamos si firmaría zanjar la primera vuelta con 15 y su respuesta es sorprendente: "No, yo siempre quiero sumar todos los puntos, no firmo nada que no sea ganar antes de ningún partido. Ahora viene el Betis, un rival de nuestra Liga, pero en el fondo nos da igual quién esté delante porque tenemos que ganarle a todos". Como principio de actuación es bueno, pero hay que dotarlo de contenidos para que sea convincente: "Aún estamos mal, es evidente, pero encuentro motivos para el optimismo. Por ejemplo, hemos rebajado sensiblemente el número de goles encajados, aunque para mí siguen siendo muchos pues concibo el fútbol con mi portería siempre a cero. Tenemos que seguir trabajando en muchas cosas, no basta con tener las líneas juntas, hay que adelantarlas y salir mejor a la contra". El deseado efecto que se buscaba con el cambio de técnico no se ha terminado de obtener y De Biasi explica que "el problema es que nada más llegar tuvimos tres rivales muy fuertes, Sevilla, Atlético y Villarreal, que están a otro nivel. Aún así, contra el Atlético merecimos puntuar. Luego, lo de Valladolid fue un paso en falso que nunca debió suceder. Un equipo que pelea por salir de abajo no puede tirar por la ventana un partido así en el que, con un mínimo de ganas, se habrían conseguido los tres puntos en juego".
Respecto a los tantos que siguen recibiendo, el italiano desmenuza los goles encajados: "Hay diferencias entre los que llegan por fallos individuales y por errores colectivos. A balón parado sufrimos porque tenemos un equipo bajo, se vio en los goles de Villarreal". También el factor anímico es un lastre que arrastran los granotas: "Nuestra primera intención era subir la moral individual porque así gana el grupo. Cuando llegué al Torino miré las caras de los jugadores y te decían que ganar un partido era una misión imposible y lo logramos, nos salvamos al final ganando en el campo de la Roma de Totti. Esta temporada ya he visto que terminamos en el Bernabéu...", anuncia Gianni lanzando un mensaje optimista. Otro motivo para soñar con la salvación es poder reforzar el plantel en enero: "Algo hay que hacer porque vamos últimos y eso es por algo. Ahora me centro en los futbolistas que tengo, en saber qué pueden dar de sí y, en los próximos partidos veremos ya qué nivel pueden dar, cuál es su límite", avisa a los suyos para que sepan que están a prueba. Aunque se habla de nombres, el técnico no entra al trapo "no sé por qué se habla de que vendrán jugadores italianos. A mí no me importa de dónde sean, lo importante es que vengan al Levante con ganas, con hambre, que vean este equipo como un trampolín, que no vengan aquí de bajada ya de su carrera. El que venga tiene que saber que a Valencia no se viene de vacaciones".
Respecto a si le consultarán sobre las posibles incorporaciones, De Biasi responde con otra pregunta: "¿Para qué como yo todas las semanas con los miembros de la secretaría técnica? Hablamos de todas estas cosas, ellos me preguntan dónde veo yo problemas y les doy mi opinión. Ahora, el propietario es el que decide qué hacer, pero seguro que el entrenador es el que mejor conoce los defectos de una plantilla y debe hablar con el responsable". En ese sentido, el levantinista reconoce que "nunca he visto a Pedro Villarroel, ni he hablado con él. Lo conozco de verlo en fotos, pero nada más". Como hombre de fútbol sabe bien que fichar jugadores para su causa es complicado: "El problema es encontrar futbolistas que se ajusten a esta situación en la que tenemos problemas en la clasificación, problemas económicos... tiene que ser uno que no tenga sitio en su actual club y quiera venir al Levante a jugar y reivindicarse. Yo tengo colaboradores que me informan de muchos países, pero de entrada ni tenemos fichas libres para firmar. Luego hay que ver quién quiere involucrarse en esta situación".
A colación de esto, es obligado preguntarle quién le embarcó a él en la nave granota: "Confié en gente que me indicó que había plantilla para pelear con otros seis o siete equipos más. Recabé información y el campeonato español me gusta, me motiva, lo sopesé todo, porque había gente que me decía que no viniera, y al final dije ¿por qué no? Y vine y no me arrepiento". Quizás por eso en su país ya le llaman Quijote: "Porque voy a causas perdidas y me enfrento a molinos de viento".
En su afán de motivar a sus jugadores para que saquen lo mejor de ellos mismos, De Biasi nos muestra su receta: "Les dije que lo primero que hay que hacer es ser un equipo, lo segundo tener ganas de ganar y lo tercero, conocer al rival. Pero que todo eso no sirve de nada si no tienes orgullo y eso es así en el fútbol y en todos los aspectos de la vida. Orgullo para todo: para lograr un objetivo y el nuestro ahora es salvarnos y en ello hay que ponerlo todo. Cuando empecé a entrenar mi objetivo era llegar a Serie A, lo hice y mi siguiente objetivo es ganar una Liga, sea la de Italia, España o Albania, pero en ello estoy. Sin objetivos en la vida no vas a ninguna parte". Después de lo que logró con el Módena, al que llevó de Serie C a A, y el Torino, al que ascendió y luego salvó, el reto del Levante lo valora "como más difícil aún y eso que mantener al Torino el año pasado para mí vale más que ganar una Liga porque tenía una dificultad extrema. Este reto del Levante parece aún más complicado, pero no es un problema si veo que todos están conmigo. Creo que los jugadores tienen orgullo, que no son de los que trabajan pensando sólo en que llegue final de mes". Tan gráfico como siempre, resume la situación de la siguiente manera: "Estamos en una barca que se tambalea en medio de un mar con muchas olas. Todos debemos remar en la misma dirección y buscar un puerto seguro. De momento, no lo divisamos, pero vamos a hacerlo y a poner rumbo hacia él".
Como está seguro de contar con buena materia prima, les recuerda a todos que "no podemos ser victimistas, hay que revertir la situación y punto. El hombre siempre es un poco victimista y eso no me gusta, no se puede hablar de mala suerte, la suerte no basta. Primero trabajo; después, trabajo y más trabajo y luego ya la suerte". Y es que su mentalidad es la de contar con profesionales que se dediquen en cuerpo y alma a la profesión que ejercen: "Cuando hablo de trabajo no me refiero sólo en el entrenamiento sino todo el día, trabajar en uno mismo, en su actitud, en querer mejorar, en saber contra quién vas a jugar. En qué comes, qué bebes o qué fumas, ahora que se habla de eso. Saber cuándo te acuestas y te levantas... todo". Esta manera de trabajar le devuelve a sus orígenes italianos, donde se trabaja más y mejor que en nuestro país y se tiene una mentalidad ganadora al 100%: "Por eso Italia ganó el Mundial 2006 o el Milán la Champions... Se tiene mentalidad ganadora y luego ya se pueden discutir otras cosas". Eso sí, en lo que ha salido ganando es en tranquilidad viendo los últimos episodios de violencia en el fútbol de su país: "Es una lacra, un gran problema difícil de solucionar. La situación que vivimos en el Levante es imposible que se dé en Italia. Allí no podríamos vivir estando con cuatro puntos, los ultras se presentan en el entrenamiento, en el estadio... una locura".
En el plano personal, le pusimos al día de que Irureta ya realizó el Camino de Santiago al cumplir una promesa como deportivista y recogió el guante: "Haré lo mismo, andando o en bicicleta, en lo que haga falta con tal de salvarnos".
El triste adiós de un levantinista

La anunciada venta de las acciones de Villarroel pondrá fin a 25 años de aciertos y errores de un hombre que salvó al club pero saldrá de él por la puerta de atrás
Pedro Villarroel vive una pesadilla de la que tardará mucho tiempo en despertar. Ha dado el paso que nunca hubiera deseado dar. Anuncia que vende sus acciones y hecha la transacción dejará el Levante, que para bien y para mal ha sido su razón de ser. Ningún momento de los atravesados, y los ha habido duros, le habrá provocado tanto dolor como el actual. Dejar el club, su club, y hacerlo bajo el descontento generalizado de una afición que nunca ha colaborado en su verdadera medida. Se irá y no como él quiere y merece. Debería salir del club a hombros y lo hará por la puerta de atrás, sobre todo tras sus desmedidas críticas a la afición y a casi todos los estamentos del club.
Son más de 25 años los que el máximo accionista del Levante ha trabajado para el club de sus amores, el club que, siendo un niño, le inculcó su tío. Incluso sin formar parte de juntas directivas, Villarroel estuvo siempre dispuesto a ayudar y a tirar de cartera. Sólo él sabe el desembolso realizado a cambio de nada a lo largo de su vida. Pero el profundo amor que siempre ha profesado al Levante ha terminado por crear un monstruo que se le ha vuelto en su contra. Muy a su pesar, Pedro se ve obligado a vender los títulos de la sociedad y abandonarla de mala manera, de una forma que tal vez no merece, pero labrada por un estilo de proceder muchas veces dictatorial y autoritario, que ha hecho explotar y desertar poco a poco a una afición harta de contemplar año tras año los mismos errores.
Los últimos años han sido especialmente nefastos en la cada vez más disparatada gestión de un Villarroel que, junto con Ángel Rubio, saneó económicamente a un club al que rescató del infierno, hecho un solar y endeudado hasta las banderas que ondean en la grada de preferencia. Rubio, amigo íntimo desde la juventud, compañero de estudios y socio en el negocio profesional, acabó por dejar a Pedro. Sus desmanes rompieron una relación más que familiar.
Los innumerables gestos y desembolsos realizados por Villarroel, algo que nadie le agradecerá, no han impedido el progresivo deterioro de su gestión y, con ello, también el de su imagen. Pero no sólo Pedro es culpable. Tanto como él lo son los muchos directivos y consejeros que se han dedicado a bailarle el agua y se limitaron a decirle lo que quería escuchar. Sin hacerle ver la realidad y mucho menos plantarle cara. Los que no estuvieron de acuerdo con su forma de proceder se marcharon. Los de la cabotá aguantaron a cambio de ridículas prebendas.
El amor de Pedro Villarroel al Levante afectó también en lo que se refiere a la parcela técnica. Teniendo siempre presente que se ha jugado su dinero, y mucho, nunca tuvo la templanza y frialdad de dejar trabajar a profesionales del ramo en lugar de aficionados que se limitaron a cumplir órdenes, en muchos casos absurdas, sin hacerle ver la realidad. Sin entrar a relatar la manera de devorar entrenadores, de los que se enamoraba futbolísticamente y a los que pasaba a odiar en cuestión de días, la secretaría técnica ha sido lamentable desde hace años. Pero todos han aguantado a la sopa boba y se han dedicado a vegetar. Y Villarroel, tirando de ordenador y haciendo caso a las milongas que le contaban representantes, ha sido engañado una vez tras otra con un desfile de fichajes de jugadores extranjeros desconocidos, sin nivel, pero muy bien pagados. Por descontado, nunca de forma acorde al rendimiento que ofrecieron.
El dueño del Levante ha decidido vender, pasar a la reserva. Descansar, en suma, algo que se ha ganado con creces. En el Levante se ha dejado dinero, salud y tiempo, algo que, por muchos errores que haya cometido, se le debe reconocer. Los hechos demuestran que debió tomar antes la decisión, para salir por la puerta grande y no bajo el ambiente enrarecido actual.
Al término de la pasada temporada, tras golear el Levante al Valencia (4-2) y asegurar la permanencia entre los grandes, Pedro debió dar el paso. Y pudo hacerlo. Tuvo comprador en un grupo de empresarios entre los que se encontraba Antonio Blasco, presidente del ascenso en Xerez. Estuvo cerca de hacerlo y al final se echó atrás.
En su desesperada huida hacia delante, no exenta de valentía, Pedro Villarroel no ha regateado esfuerzo económico y humano en favor del Levante. Recientemente ha sacado de su bolsillo otro puñado de millones de euros para hacer frente a las necesidades del club y a las deudas con la plantilla. Si Villarroel recupera algo del dinero dilapidado, se lo merece. Pero jamás recuperará el que desde hace tantísimos años ha desembolsado.
El respaldo encontrado en el Ayuntamiento, en forma de aval, ha sido una bocanada de aire fresco a la histórica entidad. Villarroel, de nuevo luchando contra todo, muchas veces en solitario, ha encontrado la ayuda necesaria. Vivió como nadie el ascenso a Primera en la campaña 2003-04, en lugar tan discreto como imprescindible. En la 2005-06 repitió estando al frente. Ahora, con su marcha, su esposa, hijas y nietos le disfrutarán. Lo merecen ellos y él.
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